17 hombres visitan a las familias del sector brindando consejos espirituales y resguardando la armonía.
Entre el sonido del viento que golpea los árboles y los cultivos, un estruendo característico de fiesta se escucha a lo lejos, son los llamados voladores, los cuales advierten que los alcaldes ya están rondando por Salasaca (cantón de Pelileo, Tungurahua).
Desde la mañana, miembros de las diferentes comunidades que integran la parroquia, se reúnen para caminar por todas las comunidades y durante tres días recorrer a pie hasta el último rincón. El objetivo Con mucha prisa, José Masaquiza, habitante de Salasaca, deja a un lado sus quehaceres, se coloca el poncho y el sombrero, se viste con todo el atuendo característico de esta población para salir hasta la puerta de su casa. Con mucho respeto y reverencia estrecha la mano de los alcaldes, pues, según manifiesta, son un ejemplo a seguir en la comunidad. El alcalde mayor, José Jiménez, un hombre cuyo rostro refleja serenidad y sabiduría, encabeza la fila de los 17 alcaldes de este año, quienes con bastón de mando en mano visitan a cada familia. “Desde tiempos ancestrales se conmemora esta tradición, nuestros taitas lo hacían y nosotros lo hacemos y enseñamos a los guambras para que continúen con esta legado”, asegura Jiménez, al tiempo que conversa, en su lengua natal el kichwua, con José, dueño de casa.
De acuerdo con alcalde mayor, el objetivo de esta tradición consiste en demostrar la unidad y solidaridad del pueblo, puesto que al visitar a las familias se les hace ver que no están solas, que hay gente que les guía y pueden contar con ellas.
Las personas les esperan con los brazos abiertos, ansiosos de encontrar en ellos una lección de vida. “Conocemos bien a cada familia de nuestra comunidad y eso nos permite saber cómo están y, con el anhelo de que vivan bien, les damos un consejo e invitamos a reflexionar y participar de una vida comunitaria unida”, manifiesta Jiménez. Mientras estos personajes caminan a manera de control de la estabilidad y la armonía de la comunidad, en las 18 casas de los alcaldes se prepara un verdadero festín donde los visitantes y quienes los acompañan agradecen a la Pachamama, al Padre Sol y además como un sincretismo cultural al Padre Dios de la religión católica. |
La pambamesa ofrecida es voluntad de cada alcalde; sin embargo, es característico el cuy, el conejo, el mote con fritada y otros granos que se han cultivado, además de la chicha de jora y, por supuesto, el aguardiente con el tzawuar mishki. El bombo y el pingullo arrancan melodías contagiosas, que acompañan este acontecimiento en cada vivienda, mientras los danzantes bailan con botas adornadas de cascabel produciendo sonidos que invitan a bailar a todos los que han llegado acompañando. Los ‘taitas’ Mientras disfruta del festejo y la tradición, Juan Masaquiza afirma que en la comunidad los alcaldes son llamados ‘taitas’, quienes pueden ejercer cualquier cargo como cabildo, teniente político y presidente de la organización o gobernador de Salasaca, sobretodo el alcalde mayor. Para Rufino Masaquiza, investigador de este pueblo, el alcalde es el que mejor simboliza el poder, que a través del reconocimiento comunitario puede llegar a alcanzar un comunero. El desempeño de este cargo no solo representa el poder que un grupo familiar tiene en el interior de la comunidad, sino también de todo el conjunto comunero frente a la sociedad mayor. (FCT) | |
La vara o el bastón de mando
Los alcaldes cuentan con una vara, la cual simboliza el poder que tienen y lo llevan durante el tiempo de su función. Ocupa un lugar especial en su domicilio y adquiere un valor muy simbólico al ser bendecido por el cura el primero de enero.
Fuente: LA HORA
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